“Este agosto, tuve la suerte de asistir al Summer Camp organizado por la Coeliac Youth of
Europe en Róterdam, donde 50 jóvenes celíacos de entre 18 y 30 años, provenientes de 15
nacionalidades diferentes, nos reunimos para pasar una semana llena de actividades y nuevas
experiencias. Personalmente, estaba muy ilusionado por este viaje, no solo por la oportunidad
de conocer a gente nueva, sino también por el reencuentro con amigos de ediciones pasadas.
Desde el primer día, el ambiente fue increíble. Nos alojamos en un hostal en el centro de
Róterdam, donde un grupo de voluntarias se encargó de preparar la mayoría de nuestras
comidas. Fue un alivio saber que podíamos comer sin preocuparnos por la contaminación
cruzada, algo que rara vez se experimenta en un viaje.
Durante el campamento, realizamos un sinfín de actividades que hicieron que cada día fuera
emocionante y único. Comenzamos con un pub quiz que nos ayudó a conocernos y a romper el
hielo. Fue la introducción perfecta a una serie de actividades que nos llevaron a descubrir la
ciudad de Róterdam de maneras diferentes. Una de las que más me gustó fue un tour en
bicicleta hasta el precioso pueblo de Kinderdijk, famoso por sus molinos de viento. Pedalear
por los caminos holandeses y disfrutar del paisaje fue una experiencia muy bonita.
Además de explorar la ciudad, también tuvimos momentos para la diversión y la aventura.
Participamos en un escape room que puso a prueba nuestro ingenio y trabajo en equipo,
probamos actividades al aire libre como paddle surf y escalada, y disfrutamos de una divertida
noche de silent disco, donde todos bailábamos al ritmo de una playlist que creamos entre los
participantes. Cada actividad no solo fue divertida, sino que también nos ayudó a conocernos
mejor y a crear verdaderas amistades.
Uno de los días más especiales fue cuando hicimos una excursión en barco por los canales de
Ámsterdam. Ver la ciudad desde el agua y disfrutar de su arquitectura histórica fue
simplemente espectacular.
El campamento no solo fue enriquecedor por las actividades, sino también por la gente. Ha
sido increíble poder hablar y aprender de personas que entienden lo que supone vivir sin
gluten, compartiendo historias y consejos sobre cómo enfrentamos esta realidad en nuestros
países.
Por último, expresar mi gratitud a las organizadoras y voluntarias por su dedicación y esfuerzo.
Gracias a ellas, pudimos disfrutar de una semana sin preocupaciones, disfrutando de nuestra
dieta sin gluten. Por ello, animo a todos los jóvenes lectores a participar en las próximas
ediciones para descubrir esta experiencia tan enriquecedora.”